Desde
Mi Balcón
La Mujer de la
Poltrona
Por Nacho Cadena - Propietario de La Petite France
En mi caminar diario, la semana
pasada, por razones de trabajo pasé por uno de esos tantos pueblos
mexicanos llenos de atractivos y tradición.
Las calles empedradas, las banquetas altas un tanto
agrietadas, bardas de adobe que anuncian la reciente
lluvia de verano con una mata de zacate que crece sobre
ella. Los portones, las ventanas enrejadas, los guardapolvos
de colores, los postigos de madera. El ruido de los
cascos de las mulas y de los burros que han sido calzados
con flamantes herraduras y que en su lomo cargan el
pienso para las vacas y que pronto se transformará en
leche para gusto y bienestar de la chamacada del pueblo.
Un pueblo mexicano hecho y
derecho, como cualquiera. Con su paletería en la esquina con los clásicos
sabores de tamarindo, jamaica y limón. La anticuada
tienda que igual vende ropa, papelería y abarrotes
y donde las medias de popotillo, los cuadernos y las
sabritas se entremezclan sin ninguna pena ni reticencia;
por fuera pomposamente la antigua tienda lleva el nombre
de "Nuevo Progreso" en un despintado, aunque nítido,
letrero.
Un pueblo mexicano como todos
los pueblos, con la mesita en la banqueta donde se
expende la jícama
con chile, los mangos verdes, las rebanadas de sandia
que en su color llevan la marca de México y
el camote del cerro, indicio claro de que el viejo
de la casa fue a cortar leña y de paso se trajo
unos camotitos. Más allá la mesita pequeña,
llena de estos dulces que a la salida de la escuela
los niños harán desaparecer: los de leche
quemada, los borrachitos, los de camote y guayaba,
las obleas, los garapiñados y las palanquetas
y al lado la muchacha con su mandil azul y blanco y
su varita con la mota de papel de china espantando
las moscas y las abejas.
Tengo muchas más cosas que decirte de este
pueblo mexicano, tan común y ordinario, pero
tengo que decirte mejor que ahí también
las hadas andan sueltas. Eran casi las cinco de la
tarde y vi en la banqueta una elegante mecedora muy
antigua, un tanto desmejorada, el bejuco un poco roto...
en sus buenos tiempos debió haber sido de color
azul plata, hoy casi no tiene color. Ahí estaba
la poltrona como le dicen en mi pueblo, mecedora es
más común, sola, con una bolsita de lona
blanca colgando en uno de sus brazos.
Si tú ves una pelota correr, sabes bien que
atrás aparecerá un niño. Si ves
humo salir por la chimenea sabes que el fogón
está prendido y hay una buena mujer echando
tortillas al comal. Si hueles un aroma refrescante,
aroma seco como el de Chanel número 5, atrás
viene una mujer atractiva, simpática, glamorosa
y muy guapa.
Si ves en la banqueta una
mecedora sola, sabes bien que pronto aparecerá un
hombre o mujer sabia, paciente, pensante, reflexiva,
tranquila y trascendente. Esas cualidades tienen
las personas que se mecen sin apuros en una poltrona.
No aguanté la tentación y me senté en
la banqueta de enfrente a esperar la salida de la persona
que ocuparía esa tarde la mecedora solitaria.
No perdía de vista la puerta cerrada, la puerta
en color verde caribeño que escondía
atrás el secreto de quién poseía
la mecedora que tanto me inquietaba. No tenía
yo mucho tiempo, sin embargo bajé imaginariamente
la cortina de las obligaciones y decidí esperar.
De pronto la puerta verde
se abrió lentamente,
casi haciéndola de emoción,,, y ahí apareció ella.
Era bellísima, espigada, muy delgada, su cabello
nítidamente recogido, un discreto lunar junto
a la boca, sus manos alargadas, su cuello erguido y
largo, el color de su piel blanco, su vestido en bolitas
claras sobre fondo azul marino. Se sentó en
la mecedora y tomó un ligero vuelo que seguro
acompañaba rítmicamente sus pensamientos.
Aguanté hasta donde pude y me levanté acercándome
lentamente hasta ella. Su vista la tenía en
un ángulo de cuarenta y cinco grados. Me acerqué más,
caminando en dirección directa a ella. Ni se
inmutaba, como si yo no existiera, como si yo no hiciera
ruido, como si yo fuera invisible.
Entre más me acercaba y menos ella percibía
mi presencia, más hermosa me parecía.
Pude verle de cerca su cara y también sus manos
aferradas a los brazos de la mecedora. Su mirada era
transparente, cristalizada diría. Su respiración
pausada y silenciosa. Su presencia inmensa llenaba
aquel espacio enorme que había entre la banqueta
y el cielo.
Por fin me decidí y la saludé: "Hola",
es todo lo que se me ocurrió decir. Después
haciendo gala de mi pobre imaginación continué diciendo "Me
llamo Nacho". Fue entonces que aquella mirada transparente
se clavó en mi abultada figura y me dio la confianza
para entablar un diálogo. Que feliz me hizo
esta mujer.
Me di cuenta que era una dama
sin edad, aunque ella sostiene que va con el siglo.
A la mejor su cara lo atestigua, una arruga sobre
la otra, sus bellas manos hablan de su sabiduría,
su color blanco salpicado con esas pecas que solo
las da el camino andado.
Cualquiera diría que era una vieja, yo sostengo
que era una mujer increíble, ya te lo dije muchas
veces, bellísima.
Atrabancadamente me convertí en una máquina
de hacer preguntas. Lo clásico, cuando nació,
el origen del pueblo, si conoció a Pancho Villa,
la revolución, los cristeros, el primer ferrocarril,
las costumbres,,, me miraba como diciendo pobre hombre
que pocas cosas le interesan, el pasado, la historia,
lo curioso, los simpático, lo increíble.
Pobre hombre pensaría. Aguantó pacientemente
mi embestida de preguntas.
Enseguida me dijo: "Hijo (imagínate su edad
para que a mi me diga hijo) eso es pasado, ya se fue,
son recuerdos. ¿Por qué mejor no hablamos
del hoy, del presente y lo que haremos hoy para el
mañana?".
Escucha me dijo, pasaban ya
las seis de la tarde y empezaba a caer el cobijo
de la oscuridad, "escucha,
piensa que hoy es un día único, irrepetible,
un día que jamás volverá. El hoy
jamás regresa. No lo dejes ir queriendo saber
cosas que ya fueron. Siéntate, piensa, reflexiona
sobre la maravilla que es este día y lo maravilloso
que será el de mañana. Piensa hoy lo
que quieres ser y si de veras lo quieres, lo lograrás.
Hoy es un día nuevo, diferente, único,
aprovéchalo. Diseña tu vida de hoy y
la de mañana si acaso, no la que ya fue. Vive
cada instante con mayúsculas, disfruta el segundo
y el minuto que las horas se gozan solas. La vida se
hace de minutos bien vividos, bien aprovechados, exprimidos".
Piensa me dijo otra vez y
fue lo último que
me dijo aquella vieja y bella mujer, "el hoy jamás
regresa, vívelo, vívelo como si fuera
tu último día, disfrútalo, llénalo,
no dejes ni un momentito vacío".
Abrió el costalito de manta que tenía
junto a la mano y sacó unas semillitas que empezó a
pelar entre sus dientes.
Me levante y caminé lentamente en aquella calle
empedrada que solo medía tres cuadras. Era tan
lento mi paso que el camino pareció kilométrico." Hoy
es un día único, irrepetible, el hoy
jamás volverá".
Las Hadas andan sueltas.
Por hoy fue todo, hasta la
próxima. Gracias. Nacho Cadena
Owner of La Petite
France
* From My Balcony
is an independent column of Mr. Ignacio
[Nacho] Cadena, owner of La
Petite France Restaurant
in Puerto Vallarta and source of this information.
To contact Mr. Ignacio Cadena please email
to: lapetitefrance@prodigy.net.mx
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