New York
Por Federico Leon de la Vega - Abril 2006
Noche estrellada en Puerto Escondido - Oleo on canvas, 1994 - 120 x 160 cm.
Nueva York ha de ser destino obligado de todo pintor. Actúa como un imán y me atrajo de forma inesperada. Todavía afectado por la crisis económica de 1994 y mientras pintaba yo mi versión de Noche Estrellada (una silla y una palapa en la arena, bajo las estrellas) escuchaba un álbum de Richard y Wendy Musk titulado "Sueños Presentes". Quedé cautivado por esta música. La repetí una y otra vez hasta terminar el cuadro. Una vez que hube despertado de ese proceso en el que opera el hemisferio derecho del cerebro, y gustándome lo pintado, busqué en la portada algún dato de contacto con los artistas y les envié una foto de la pintura que habían ayudado a producir con su bella música. Para mi sorpresa, unas semanas después recibí ¡una invitación para visitarles en Nueva York!
Me apresuré a aceptar la invitación y con rapidez y muy poco dinero hice preparativos para el viaje. No era un momento muy oportuno para el gasto, pues como he dicho antes no se vendía casi nada de arte y yo batallaba para pagar mis cuentas... pero algo dentro de mí me impulsó desde el principio. En fin, que poco tiempo después volaba yo con mi caballete en mano. Aún tengo este viejo caballete: es uno esos modelos franceses de campo consistentes en una caja de la que se extienden tres patas y se levanta luego la tapa para sostener el lienzo. Mientras veía las nubes por la ventana del avión, un pasajero me preguntó qué era aquella caja y yo le expliqué. Lo natural fue que me pidiera ver luego mi álbum de fotos de mi pintura, el cual siempre llevo a la mano, por si acaso. Después se interesó otro pasajero y otro más: y yo me complací en mostrar las fotos de mi obra. Uno de ellos, al escuchar que me yo pasaría la noche en New Canaan, se ofreció a llevarme con él hasta el Melba Inn, el Hotel sugerido por los músicos Richard y Wendy. Fue así que desde el principio Nueva York me trató bien, pues mi compañero de viaje tenía contratada una elegante limusina.
New Canaan es un hermoso pueblo típico de Connecticut, con la elegancia pintoresca de Nueva Inglaterra. Muy cerca de Manahattan, bien conectado por el tren, con la estación cruzando la calle frente al hotel. Después de una noche silenciosa y de sueño reparador llamé a Richard y Wendy. Me habían dejado sus datos y una canasta de frutas en la habitación. Nos reunimos y compartimos todo el día nuestras ideas, gustos y proyectos. Los artistas comparten muchas ilusiones y ninguno tiene un camino fácil; lo mágico es que siempre hay alguien interesado en el arte y dispuesto a ayudar, pues de mi visita salieron contactos inesperados. Entre otros, Doug Major, dueño de la compañía de limusinas del pueblo, desde un principio se ofreció a llevarme y traerme gratuitamente al aeropuerto de La Guardia cada vez que llegara, y todo porque le regalé una pequeña acuarela. También me ofreció buscar algunos contactos para vender mi pintura.
De esa primera visita nació mi pasión por Nueva York; cada vez que llego siento electricidad en los pies, como si se me movieran solos. No logré vender nada en esa visita -quizá porque no llevaba nada, excepto fotos. En mi prisa por llegar no había sabido prepararme para tanto. Así que me dediqué a visitar galería tras galería por todo Manhattan, el Soho y Greenwich. Regresé a México entusiasmadísimo, pero todavía sin dinero. Vendí lo que pude y empaqué cuatro cuadros. Convencí a Luli de acompañarme y al poco tiempo estaba yo de regreso en NY, con mi esposa y cuatrocientos dólares (o sea.... nada) pero eso sí, nos esperaba en el aeropuerto de La Guardia una elegante limusina.
Despertamos en New Canaan y tan pronto como Doug estuvo listo, subimos las cuatro pinturas a su auto (las llevaba enrolladas, sin restirar) y fuimos a ver a un comerciante de arte. Tenía una amplia galería en Greewhich Connecticut, en un segundo piso. Era un hombre corpulento, amable pero seco y práctico -como tantos neoyorquinos. Solo por deferencia a Doug nos recibió de inmediato y se dispuso a ver mi trabajo. Desenrollé cada lienzo en el piso (mis formatos tienden a ser grandes, de cuando menos 90 x 120 cm.) los observó con detenimiento y yo respiré con mas tranquilidad cuando pude ver que le agradaban. Finalmente nos condujo a su oficina y sin más me preguntó si aceptaría $5,000.00 dólares por mis cuatro pinturas: "Tres mil en efectivo y dos mil en vales" me dijo. "¿Vales? exclamé yo"... y qué voy a hacer yo con los vales" la verdad es que junto con la tranquilidad de saber que tendríamos una venta comenzaba a sentir la angustia de que el trato no sería tan bueno, pero Ed Eglowsky era un astuto comerciante judío de arte y conocía a los artistas, sabía como trabajar para beneficio de ambas partes, así que me tranquilizó diciendo "No viniste a Nueva York a vender solo cuatro pinturas, ¿o sí? los vales te permitirán quedarte en buenos hoteles, comer en buenos restaurantes... mientras yo te encuentro algo más. Comprendo que el trato podrá parecerte poco favorable, pero yo soy comerciante y tengo que ganar; por lo pronto es todo lo que puedo ofrecerte." Acepté. En realidad era la mejor y la única alternativa en ese momento. Además Doug me hizo reflexionar preguntando: "¿En qué otra ciudad del mundo llega un extranjero desconocido y 24 horas después tiene $3,000.00 verdes en su bolsa?"... sólo en Nueva York.
Fue así como Luli y yo comenzamos a pasear por Manhattan y todos sus museos, con vales suficientes para pagar cualquier restaurante de la amplia lista de establecimientos con los que tenía tratos Ed Eglowsky. Algunos eran de veras buenos y los disfrutamos mucho: nuestra única pena era que las propinas no podían ser cubiertas por los vales, de modo es que no podíamos ser muy generosos con los meseros, pues seguíamos sin tener suficiente efectivo; pero dormíamos bien, en buenos hoteles.
Federico León de la Vega
E-mail: fleondelavega@hotmail.com
Nota de Autor: Este es un capítulo de un libro de mis aventuras como pintor.
El Estudio – Café de Federico León de la Vega esta abierto al público, se localiza en Paseo de la Marina 31, Nuevo Vallarta, Nayarit. Abierto de Lunes a Sábado de 8:00 a.m. a 8:00 p.m. Domingos de 8:00 a 11:00 a.m.
Archives by date |