La Llamada
Por Federico León de la Vega - Junio 2006 - Read in English

Hay personas que pasan por nuestra vida dejando bendiciones con un efecto tan permanente, que no dejamos de recordarlas nunca. Tal es el caso de mi amigo Raúl Mercado, que un día me visitó para proponerme hacer una exposición de mi pintura. Hasta entonces yo tenía a la pintura por pasatiempo. Mi trabajo formal era dirigir la oficina de seguros que mi padre había fundado, y que resultaba mucho mejor negocio que ejercer la profesión de Diseñador Industrial que yo había estudiado. Mis días los pasaba vestido de traje y corbata, atendiendo telefonemas, comiendo elegante con clientes importantes y ejecutivos de las compañías de seguros. Pintaba solo en mis horas de descanso y siendo desde muy joven padre de tres hermosos y activos niños, éstas no eran muchas. Los cuadros que resultaban de mi solaz los regalaba en ocasiones especiales, a gente que se casaba, o que simplemente le gustaba mi obra. Raúl, que desde la universidad se distinguió por su buen gusto, me honró pidiéndome que pusiera mis trabajos a la venta. El tenía en aquel tiempo una oficina muy agradable en el penthouse de un edificio en la zona de San Angel, en la Ciudad de México; fué ahí donde se realizó mi primera exposición, en el año 1984.
Raúl se encargo de todo, hasta de invitar a la gente. Yo solo pinté algunos cuadros más para completar 26 en total. ¡La noche de la inauguración se vendieron todos! Claro que los precios eran muy bajos y la gente que acudió era en su mayoría amiga -mi padre compró los últimos dos cuadros. Sin embargo, sumando de poco en poco, la cantidad que obtuve de la venta fue atractiva. Esto me puso a pensar y decidí dejar de regalar mis cuadros para reunir material y exponer una vez al año, aunque fuera solo entre amigos.
Unas semanas después de la exposición, me llamó por teléfono la esposa de mi amigo y excompañero de universidad, Alberto Ennis, para preguntarme por un cuadro que había visto en la exposición pero no había comprado. El cuadro se había vendido a otra persona, por lo que le ofrecí pintarle otro parecido; esto resultó fácil y rápido, ya que a mí me había dado por pintar muchos cuadros de nubes -ése había sido el tema de la exposición. De aquí resultó mi primer encargo. No sospechaba entonces que llegaría el día en tendría una lista de encargos, y que mi sustento dependería exclusivamente de llenar pedidos pintando y escuchando jazz desde mi casa.
Las nubes parecen ser un tema simplón, sin embargo, hacerlas bien requiere estudiarlas con detenimiento y pintarlas repetidamente una y otra vez, con diferentes luces, hasta entender su dinámica. Los mares son parecidos: la espuma tiene la misma variedad de tonalidades de blancos, reflejos de colores circundantes y luces. Por eso me pareció muy natural hacer marinas después de haber pintado tantas nubes. Aquí cabe relatar que entre mis vecinos de la colonia Guadalupe Inn se encontraba el famoso pintor Carlos Mérida, ya viejo pero aún activo y con una mente muy aguda. En una ocasión lo fui a visitar para mostrarle un cuadro que acababa yo de pintar y preguntarle qué pensaba. Don Carlos, que había sido compañero de Picasso en París y era un pintor de reconocimiento internacional, fué amable conmigo pero se negó al principio a decirme lo que pensaba de mi obra. "No soy crítico -dijo al fin- pero como insiste y es usted mi vecino, le diré lo que pienso, esperando que usted no se ofenda. Verá usted, aprecio en seguida que usted puede pintar, pero éste no es un cuadro sincero. Al comenzar el cuadro, usted estaba cautivado por las nubes y las pintó porque las sentía en el corazón. Luego, al terminar el cuadro se puso a pensar con su cerebro y le preocupó qué diría la gente de un tema tan simplón, de modo que comenzó por añadirle acá abajo al cuadro unos montes, y cuando vio que le quedaron bien se dejó llevar y le puso estos pinches pinitos... bien pintados por cierto. Una vez que hubo terminado, su corazón le reclamó que el cuadro no cumplía con su primera intención -la de pintar nubes- y usted hizo por borrarlos un poco, para restarles importancia. Todo eso veo en su cuadro: que no es sincero. Si usted quiere pintar nubes, píntelas sin importar lo que la gente piense". Y es que en la pintura las cosas de los sentimientos se notan, como se nota en la caligrafía de quien escribe si está nervioso, o tranquilo, o si miente. Presento en este capítulo el cuadro de los "Pinches Pinitos" el cual utilicé en la invitación de mi primera exposición. Siguieron muchas exposiciones en galerías y clubes. Muchos éxitos y fracasos, pero yo nunca pude dejar de pintar. No porque pensara que tuviese alguna habilidad especial, sino solo porque esa era mi naturaleza, lo que me gustaba hacer. Ahora, en retrospectiva, todo parece lógico y cuerdo: el haber decidido vivir del arte, de algo tan romántico; pero entonces me partía en dos el pensar ser pintor cuando para mantener bien a mi familia lo cuerdo era ser hombre de negocios. Me tomó muchos años, pero al final logré la transición completa. Me complace pensar que no fue en realidad decisión ni mérito propios. El oficio de pintor llegó con Raúl a tocar a mi puerta y reclamar que me dedicara.
Ya murió mi amigo Raúl, a quien dedico este capítulo. Murió también Don Carlos Mérida. Me queda la convicción que en la vida hay que ser sincero y hacer lo que se piensa. Tiene poco caso ganar mucho dinero haciendo algo que no se disfruta, se corre el riesgo de volverse tan pobre tan pobre que lo único que se tenga se dinero. Además, la ocupación define al hombre, por eso nos referimos a fulano diciendo que es "el carpintero" o a mengano "el banquero", y yo ahora que entiendo un poco más a los cincuenta, me encanta que se refieran a mi como "el pintor". Gracias Raúl.
Federico León de la Vega
E-mail: fleondelavega@hotmail.com
Nota de Autor: Este es un capítulo de un libro de mis aventuras como pintor.
El Estudio – Café de Federico León de la Vega esta abierto al público, se localiza en Paseo de la Marina 31, Nuevo Vallarta, Nayarit. Abierto de Lunes a Sábado de 8:00 a.m. a 8:00 p.m. Domingos de 8:00 a 11:00 a.m.
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