Riquezas Verdaderas (última parte)
Por Federico Leon de la Vega - Septiembre 2006
Poco a poco fui dándome a conocer como un pintor respetable en mi nueva ciudad. Además los clientes de la Ciudad de México que continuaron pidiéndome obra de vez en cuando, Vallarta resultó magnífico punto de contacto para ampliar mis mercados en los Estados Unidos. Mi situación continuó mejorando y seguimos adelante con la construcción del "Estudio-Café" en Nuevo Vallarta. En noviembre del 2001 logramos dar el paso, muy ansiado dentro de nuestros planes, de abrir el restaurante que traería clientes a ver mi obra en un ambiente relajado. Sólo contábamos con una pared frente a la marina, mesas con sillas de cabrillo aportadas por la Cervecería Moctezuma y unas lonas que nos obsequió Coca Cola. Detrás de la pared había obra negra... muy negra. Sin embargo contábamos con el elemento del éxito: unas ganas enormes de dar calidad a buen precio sin importar el esfuerzo. Llegaron los turistas, principalmente de Canadá y Estados Unidos, algunos de México y Guadalajara. Mi cuñada Lupita cocinaba y todos los demás éramos meseros. Pintaba yo durante el día con una luz terrible, a veces bajo una lona azul que trastornaba mi apreciación del color, otras veces al rayo del sol Vallartense, calcinante. Empezamos a ganar dinero no sólo de la pintura sino también del restaurante, uno complementaba al otro. Nos hicimos de una reputación de comida sabrosa y saludable y siempre tuvimos todo perfectamente limpio. Los clientes nos buscaban tanto para comer como para gozar del arte en un ambiente tranquilo. Terminábamos los días terriblemente cansados, pero amanecíamos llenos de nuevo entusiasmo, pues comenzamos a ver la luz al final del túnel. No hicimos mucha publicidad; todo fué más bien de boca en boca. No buscábamos cualquier cliente, sino aquél que tuviese buen gusto y aprecio por el arte. A pesar de nuestras limitaciones y a que continuábamos construyendo, logramos siempre toques de distinción modestos pero muy estéticos: flores naturales, velas, buenos uniformes, servilletas, presentación y recetas originales. Desde un principio nos negamos a hacer lo que muchos otros ya hicieran. Vendíamos unas enfrijoladas en salsa que satisfacían a los más exigentes. Nos concentramos en la cocina mexicana y española, pero tan fina como nuestros limitados utensilios lo permitieron.
Un día me mandó llamar a su oficina Martin Good, que estaba por inaugurar "Metamorfosis" una especie de galería-bar. Llegamos a un acuerdo y pinté una colección de 20 cuadros, todos de "frutas cachondas". Martin es conocido por todos como una persona generosa y de buen gusto y conmigo también lo fué. El tema de las frutas resultó popular y continué acreditándome. Nuestro problema económico se redujo entonces a los veranos. Esos terribles meses de septiembre, calientes y húmedos, cuando en Vallarta ya no hay turismo, cuando los ahorros se agotan y la nueva temporada parece tan lejana todavía...ya lo entenderá el lector vallartense, pueden ser desesperantes.
Al final de nuestra segunda temporada decidimos continuar la construcción, pese a que sabíamos que no habría entradas por algunos meses. Para sobrellevarlos mi esposa y yo decidimos irnos a California a trabajar y así ganar algún dinero en tanto llegaba la nueva temporada a Vallarta. Aunque teníamos todos nuestros papeles en regla y estábamos dispuestos a hacer cualquier tipo de trabajo honesto, los días pasaron y luego las semanas, y no conseguimos nada. El ataque a las torres gemelas de Nueva York y el derrumbe del mercado de acciones había tenido un fuerte efecto en la economía y conseguir empleo entonces era un proceso lento y difícil, especialmente para extranjeros. Acabamos por agotar el dinero que llevamos. Mi hermano Gerardo nos envió boletos para regresar y nos invitó a pasar la temporada en su casa de la Ciudad de México (tengo un hermano menor con un corazón muy grande).

Así las cosas, meditaba yo en mis errores de cálculo. Me dí cuenta, por enésima vez, que era un error intentar hacer algo diferente a lo que la vida me llamaba a ser.
Volví a tomar el caballete y de nuevo surgió la oportunidad, desde mismo Vallarta y dentro de mi mismísimo oficio: Martin Good construía entonces un gran restaurante a un costado del río Cuale, el "Bianco" y en un e-mail me pedía realizar un mural. Dediqué el resto de la temporada baja a pintar el mural de las mandarinas que fué tan conocido y que me dió el empujón necesario en toda la Bahía y más allá. El restaurante proporcionó un excelente foro para mi obra, ya que toda la decoración, muebles, paredes y pisos eran blancos, con ese original y buen gusto de Martin Good. Solo el mural y los menúes tenían color: naranjas rojos y amarillos exhuberantes en formas orgánicas naturales pero muy sensuales. Por este mural recibí multitud de halagos. Muchas mujeres al entrar pedían sentarse junto a las mandarinas (supongo que para ser vistas). Recibí llamadas desde Estados Unidos pidiéndome información sobre mis trabajos y varios clientes para cuadros nuevos resultaron. Envío aquí nuevamente mi agradecimiento a Martin. Aunque ya no está Bianco y el mural fué retirado -lo pinté sobre un lienzo de tela y luego lo adherí a la pared para que se pudiera quitar - hay gente que todavía lo recuerda y sus efectos perduran, ya que me veo obligado a pintar más frutas que otros temas, especialmente mandarinas. Aquí presento una foto de él.
Escribir sobre las Riquezas Verdaderas me entretuvo mucho más de lo que inicialmente estimé. Para llegar al punto de decir que ahora me siento abundante en "riquezas verdaderas" tenía que relatar mis circunstancias y pensamientos anteriores y el proceso de como llegué a la situación presente. Nuestra vida en la gran ciudad, llena de estrés y prisa ha sido cambiada por otra vida de gran calidad, cuyo valor aprecio debido al gran esfuerzo que realizamos para llegar a donde estamos hoy. Vivo de lo que soy, y mi oficio me define como hombre: soy pintor.
Si el lector está pensando en la posibilidad de un cambio drástico en su vida, me gustaría alentarlo y sugerir dos lecturas: de la Biblia, Juan 10:10 acerca de la vida abundante y de Henry David Thoreau "Walden Pond". Las verdaderas riquezas están escondidas de los espíritus meramente económicos.
Federico León de la Vega
E-mail: fleondelavega@hotmail.com
Nota de Autor: Este es un capítulo de un libro de mis aventuras como pintor.
El Estudio – Café de Federico León de la Vega esta abierto al público, se localiza en Paseo de la Marina 31, Nuevo Vallarta, Nayarit. Abierto de Lunes a Sábado de 8:00 a.m. a 8:00 p.m. Domingos de 8:00 a 11:00 a.m.
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