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ART & CULTURE

          
 
RIVERA DEL ARTE


Una vida color Rojo Bermejo - Entrevista con Roberto Bermejo
Texto & Fotos por Silvia Álvarez – Junio 2007.

El ruido de la ciudad lo empujó a salir de su galería para centrarse de nuevo en su casa, la cual está ubicada en lo alto, a un costado de uno de los cerros que circundan la población. Desde su terraza puede ver gran parte de la bahía por lo cual no necesita mayor inspiración para tomar los pinceles y plasmar en ellos las sensaciones que a través de sus obras ya por muchos son reconocidas.

Un jovial Roberto Bermejo me recibe en su domicilio que acaba de habilitar también como Estudio de Arte y Taller.

Platicar con él sobre su vida en los colores es como seguir una sinuosa vereda llena claroscuros, pero donde nunca se pierde la belleza del camino. Refrescantes vientos de humor convergen en los recovecos de la charla, que se disfruta en la mesa del comedor con la hermosa vista de Puerto Vallarta a un costado.

¿Cómo “nace” Roberto Bermejo, el pintor?

En la primaria hice un dibujo de los Niños Héroes, fui muy felicitado por ello y ahí me di cuenta que era bueno para el dibujo y seguí haciéndolo. Cuando tuve que decidirme por una carrera elegí una de arte y diseño. En ese tiempocayó en mis manos un libro de los impresionistas y vi que todos se habían muerto de hambre; como era un joven adolescente idealista decidí que yo también me iba a morir de hambre, y a pegar cartelones en las paredes para ganar unos mendrugos de pan. Pensaba que nunca me iba a casar y entré a San Carlos, hasta que ya mas adolescente y con mucha hormona desarrollada, queriendo ver qué había detrás de las montañas me fui a Tijuana, donde me quedé un año para luego regresar a seguir estudiando cursos. Por diez años seguidos durante el verano, por temporadas viví en San Miguel de Allende.

¿Cómo llegas a Puerto Vallarta?

La ciudad de México comenzó a parecerme muy abrumadora y decidí regresar a Tijuana en donde permanecí cerca de 18 años. Allí tenía yo un cliente que adquiría mis cuadros para venderlos aquí en Vallarta; él me propuso venir a Puerto Vallarta porque se vendían muy bien los cuadros. Yo me preguntaba ¿a Vallarta? Al principio me negué, pero como allá también hay temporada mala ―que es la inversa de Puerto Vallarta― me decidí a visitar este puerto. Al principio fue difícil, cuando llegué aquí había detalles que me hacían extrañar, por ejemplo en la fila de la oficina de correos yo me fijaba en las mujeres con sus piernas tan peludas y me preguntaba el por qué eran tan diferentes a las de Tijuana, ¡me parecían tan conservadoras! Poco a poco me enamoré de Vallarta. Después me casé y tuve hijos.

La situación se puso muy mal en Tijuana y me rehusaba a irme a vivir a Estados Unidos en donde sería un extranjero toda mi vida. Mis ojos voltearon nuevamente hacia Vallarta y comencé a venir hacer mis temporadas, aquí en ese entonces no había casi nadie, llegaba lleno de cuadros y me regresaba con dinero para mantener a mi familia, así me la pasaba.

¿Cómo fueron tus primeros cuadros, qué temática tenían?

Eran desnudos y luego vas pintando lo que te piden, si quieres vivir de la pintura debes alternar entre lo que puedas vender y lo que te guste a ti mismo, de otra manera no funciona. Comencé a pintar castillos, galeones, barcos, temas marinos. Cuando llegué aquí me enamoré de las callecitas, de las mujeres con las piernas peludas, del ambiente, los cerros, la vegetación, la bahía y todo comenzó a ser parte de mi vida. Me fijaba en las paredes viejas y comenzaba a ver como la gente iba envejeciendo con ellas entre las calles. Entonces en 1980 me vine con toda mi familia.

¿Recuerdas el primer cuadro que vendiste?

No recuerdo exactamente, lo llevé a una galería de Tijuana con un amigo que era pintor y me ayudó porque me llevó a varias galerías, entonces me comenzaron a pedir cuadros porque se vendían. En aquél tiempo era el boom en Tijuana la pintura, tal y como lo fue aquí en los 80, había una demanda tremenda, incluso me tenía que esconder porque ya no podía surtir a los clientes.

¿Cómo te recibió entonces Vallarta?

Cuando eres pintor y tienes tu esposa y tres niños que mantener, a tus hijos no les importa si quieres andar de bohemio y artista, el pan debe de estar tres veces al día en la mesa. Así que tenía que buscarle y pinté en la calle, después formamos un grupo que nos íbamos al ágora a vender, se suponía que por turnos pero ya sabes luego nadie cumple, pero yo sí me quedaba porque tenía que llevar la papa a la casa.
 
Había un anexo en el hotel Encino que tenía locales comerciales y yo le preguntaba al dueño que si me rentaría uno de los locales, y él me decía sí, nada mas terminaran de construirlos. A mí me daba risa y me preguntaba: ¿bueno y si me lo renta como dice?... y yo no tenía ni para pagar la renta porque vivía al día!.

Por ese entonces el señor que le decían “El Querreque” me pidió un cuadro grande de las lavanderas del río, era de los que yo pintaba: y es que en aquél tiempo en Vallarta, para donde tú vieras, ahí estaba un motivo de un cuadro, no había que buscarle y el río Cuale era fabuloso como tema… pinté muchísimos ríos Cuale!.

Con la venta de ese cuadro grande de las lavanderas tuve el dinero para rentar el local y poner mi galería en la calle de Encino, entonces se llamó “Galería, estudio y etc.” Así lo llame porque no sabía que nombre ponerle y no quería usar el mío, aunque después me vacilaban las mujeres porque me decían ¿oye… no me das dos kilos de etc.?

Entonces decidí comprar otro local en Villas Vallarta y otro más en la plaza comercial en frente del hotel del Río y llegué a tener 4 tiendas. Entonces me di cuenta de que no podía pintar más de lo que pintaba. En esos días un señor me ofreció vender playeras y al principio no quise, me dije: “¡cómo voy a poner aquí un letrero que diga Playerería y cuadrerería!” (dice entre risas) pero lo pensé mejor y dejé una parte para las playeras y en cuanto las puse se comenzaron a vender como pan caliente. Veían los cuadros y compraban las playeras; por primera vez supe lo que era tener dinero sin trabajar; esa noche no pude dormir pensando en esas mujeres que están en la ciudad de México haciendo las playeras para ganar una miseria… sentía que ese dinero les pertenecía a ellas y que yo las estaba robando. Pero así es la vida y continué con mi trabajo.

Las galerías entonces me comenzaron a invitar a que expusiera, una de ellas fue Galería Uno.

¿Actualmente te consideras representativo de Puerto Vallarta?

Yo creo que sí porque aunque no se acuerden que he tenido exposiciones de otros temas muy exitosos, siempre regreso a pintar mis callecitas de Vallarta porque eso me gusta. Uno tiene que ser honesto con lo que le gusta, además de lo que yo vivo es de la pintura de Vallarta, he vendido yo creo que cientos o quizás miles de cuadros de Vallarta, he pintado muchísimo alrededor de 20 años, además de los postres y tarjetas que también he elaborado.

¿Cuál es la parte de Vallarta que te sigue gustando con el paso de tiempo?

Mira, aunque todo esta cambiado, me las voy encontrando como casualmente, por ejemplo arriba de Gringo Gulch. A diferencia de otros lugares como San Miguel de Allende, Guanajuato y Zacatecas, donde se hace un verdadero esfuerzo para preservar la ciudad aquí hemos sido apáticos al respecto y pensamos que con entejaban cualquier estructura es el estilo de Vallarta. Esto es una pena y definitivamente debemos defender y preservar esa parte típica de nuestra ciudad.

¿De que  pintores de Vallarta sientes que tienes influencia?

Todos los pintores tenemos influencias de todos. Me identificaba mucho con Daniel Incháurregui padre de Ada Colorida, porque el pintaba los mismos temas que yo, solo que él tenía un dibujo muy perfeccionista y los colores eran muy realistas, usaba mucho los grises. Yo no, preferí seguir mi propio sentimiento usando los violetas y azules en el color como salía del tubo casi sin rebajar, y mucha gente me odia porque me dicen “apaga tu cuadro un ratito porque me está desgastando la pupila” pero a otra gente le gusta por la misma razón.

¿Quiénes son tus clientes?

Norteamericanos en su mayoría, también canadienses y algunos mexicanos, pero sí me da gusto cuando veces paso por las calles de Vallarta y veo, en algunas casas, las tarjetas que hice enmarcadas y colgadas en sus paredes. Algunos restaurantes todavía tienen trabajos míos.

¿Roberto Bermejo seguirá pintando entonces la misma temática?

Sí, seguiré en lo mismo. A Vallarta no voy a dejarlo nunca porque me gusta pintarlo, pero además sigo haciendo otros temas. Existe otra cosa más importante: “No es el qué sino el cómo”. Cuando la gente reconoce por fin tu estilo, eso es bueno.

Estudio de Arte y Taller Rojo Bermejo
Calle Río Colorado 386 Colonia Agua Azul
Tel. 222-6076 • E-mail: rojobermejo@hotmail.com
• Visitas previa cita.

Silvia Álvarez
E-mail: silvialvarezb@yahoo.com.mx

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