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Veleristas
Una tarde hace casi ocho años, mientras mi familia y yo construíamos nuestro Estudio-Café en la marina de Nuevo Vallarta, desapareció nuestra hija de 2 años. Nunca antes había yo visto a mi esposa tan angustiada; yo también sentí una enorme desesperación y temía lo peor mientras en mi mente pedía sin cesar ayuda a Dios para encontrar a la pequeña. Uno de nuestros vecinos veleristas se percató del problema y reaccionó con rapidez: hizo un llamado "atention the fleet..." y la flota de veleristas respondió inmediatamente. Unas 15 gentes se presentaron corriendo, equipados con radios de alta frecuencia en la mano. Algunos traían también bicicletas. El que había llamado a todos se convirtió en líder de la búsqueda. A mí me dió un radio y en mi bicicleta me envió en seguida a la primera entrada de Nuevo Vallarta con la instrucción de no dejar salir ningún vehículo sin revisar si la niña venía dentro. A cada una de las personas presentes les describió la fisonomía y el vestido de la niña y luego las despachó a diferentes puestos con instrucciones de búsqueda, mientras mantenía comunicación constante coordinando a todos. Yo me desesperaba pensando lo que sería nuestra vida y proyectos sin la alegre presencia de nuestra hija. Después de unos 15 minutos de angustia, por el radio escuché mi nombre y el informe bendito de que la habían hallado con bien. La encontró uno de los veleristas a tres cuadras sobre el malecón, cerca de la Capitanía de Puerto. Curiosamente, alguien le había dado unos juguetes... nunca supimos quién. Este fué mi primer encuentro formal con la comunidad de veleristas de Nuevo Vallarta.
Así son los veleristas: rápidos para prestar ayuda, acostumbrados a reaccionar ordenadamente ante cualquier emergencia. Son, en su mayoría, retirados, con mucha experiencia y conocimientos valiosos acumulados en sus 50 o más años. Respetuosos de la vida en todas sus formas, y de las costumbres de los pueblos. Los mueve un espíritu libre y la ferviente ilusión de independencia que les ofrece habitar en una casa flotante que se mueve con el viento sobre el mar. Cuando se necesita ayuda, un solo velerista, ya sea hombre o mujer, vale por varias gentes comunes. Mientras navegan por costas Mexicanas, son diferentes a los turistas y demás visitantes en cuanto a que se mezclan con el verdadero pueblo, aprendiendo y enseñando, compartiendo la mesa y la cerveza, la cual beben en cantidades considerables. Los hay Canadienses, Australianos, Neozelandeses y aún Mexicanos, pero en su mayoría son Norteamericanos de la costa del Pacífico. Muchos zarpan de San Diego con la intención de circumnavergar el mundo bajando por nuestras costas para luego saltar el charco pasando por las islas Marquesas, Polinesia, Fiji, Nueva Zelanda, Jakarta, Malasia, la India, África ... pero son muy pocos los que en realidad dan toda esa vuelta. Y es que navegar agota. Ya para cuando pasan por Vallarta necesitan un descanso. Algunos se quedan "en tanto pasa la época de huracanes" otros "necesitan reparaciones" el caso es que les gusta aquí y se quedan por algunos meses que luego suman años atracados en los muelles de las marinas. Un día su compañera se levanta y dice "necesito más espacio para cocinar y para mis cosas" y comienza a ver condominios. Ella convence a él y se mudan del barco a la casa o departamento. De veleristas pasan a inmigrados y se quedan. Estos son los vecinos de mi Estudio-Café en la marina de nuevo Vallarta, que llenan de colorido y de relatos increíbles nuestra existencia vallartense.
A través de los años que llevo viviendo a la orilla del Canal del Chino en Nuevo Vallarta me he llenado de anéctodas de veleristas. Las historias de mar que podría yo contar llenarían un libro entero; no caben en este pequeño artículo. Una buena parte de mi construcción se las debo a ellos. Uno de los veleristas instaló toda la tubería del restaurante y estudio, que en 8 anos de intenso funcionamiento nunca ha habido necesidad de destapar ni de hacerle reparaciones. Otro construyó la escalera y el tapanco de madera de palma, de la que recibo constantes elogios. En una ocasión tuve necesidad de levantar una gran viga de metal de 10 metros de largo. Como el herrero estaba listo y la grúa no llegaba, pedí ayuda por radio y llegaron suficientes hombres para levantarla y sostenerla mientras se la soldaba. El radio es parte de lo que mantiene unida a esta pintoresca comunidad de la que hemos venido a formar parte mi familia y yo. Todas las mañanas a las 8:30, por el canal 22 de alta frecuencia, da inicio el "net" o red de información náutica que es de tanta utilidad para todos los que vivimos en Bahía de Banderas. Un moderador va dando entrada a cada una de las partes que componen el importante servicio. Comienzan por escuchar llamadas de emergencia, luego anuncian las mareas, el clima, el oleaje, después avisos generales de importancia para la comunidad, objetos perdidos y encontrados, servicios que se ofrecen o se solicitan, objetos ofrecidos en trueque (tesoros de la pichancha les llaman), y terminan con algún chiste o nota de buen humor. Tengo entendido que este servicio, comparado con otros similares que se transmiten en otros puertos, resulta de lo mejor. Es de gran ayuda para la comunidad, pues la mantiene al tanto de información vital, a la vez que fomenta el comercio y la buena convivencia.
La pintura que acompaña este artículo es de un velero llamado "Escape Velocity" que hace algunos años fué propiedad de Ivan y Beverly Murphy. En el fuí invitado a participar como tripulante en la regata internacional de Bahía de Banderas. Por fortuna para mí, el resto de la tripulación era de veras buena y ganamos primer lugar en nuestra categoría en tres años consecutivos. Por esto y por una lista muy larga de buenas razones, quise dedicar este artículo, con sincero agradecimiento, a mis amigos veleristas. Enviar a un amigo
Federico León de la Vega
E-mail: fleondelavega@hotmail.com
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Nota de Autor: Este es un capítulo de un libro de mis aventuras como pintor.
El Estudio – Café de Federico León de la Vega esta abierto al público, se localiza en Paseo de la Marina 31, Nuevo Vallarta, Nayarit. Abierto de Lunes a Sábado de 8:00 a.m. a 8:00 p.m. Domingos de 8:00 a 11:00 a.m.
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