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NATURE

          
La Visión en los Seres Subacuáticos

Por el Profesor Fabio Cupul - Abril, 2005. - English Version

El pulpo, el calamar y la jibia tienen los ojos más desarrollados de todos los invertebrados, y algunos de los más grandes del mundo animal. Los de un calamar gigante, que mide 18 m de longitud, son del tamaño de una pelota de fútbol americano.

La estructura de los ojos de estos animales es parecida a la de los humanos, aunque existen algunas diferencias. Los ojos humanos cambian la forma del cristalino para lograr un enfoque preciso, mientras que los de un pulpo o un calamar se mueven hacia adelante o hacia atrás, como ocurre con el mecanismo de enfoque de un proyector de diapositivas. Al igual que el resto de los tiburones, éste usa sus sentidos para localizar a la presa. Pero la vista es el más importante de ellos cuando se trata de precisar la ubicación de la víctima en la superficie.

Al tiburón le sucede lo mismo que a una persona que queda deslumbrada al pasar de un sitio oscuro a un cuarto lleno de luz. Ambos tardan algunos segundos en ajustarse al cambio de intensidad. Un tiburón que asciende a la superficie desde las oscuras profundidades marinas debe enfrentarse a un rápido aumento de luz. No puede esperar a que sus ojos se ajusten, pues en un segundo la presa puede escapar.

El secreto de esta habilidad radica en la túnica, capa de membranas ubicada en la parte posterior del globo ocular. En los gatos, la membrana nictitante (es la capa que produce el brillo de sus ojos cuando se proyecta una luz en ellos, y les ayuda a absorber una mayor cantidad de luz durante la oscuridad) es la causa de que los ojos se agranden cuando los deslumbran las luces. Al reflejar la luz en la retina, el tiburón duplica la cantidad de luz que pueden soportar sus ojos. Esto es esencial para que los cazadores nocturnos, como el gato, puedan ver con claridad, especialmente en las noches sin luna. De día, un exceso de luz puede representar un verdadero problema. El gato se las arregla reduciendo el tamaño de la pupila con ayuda de los músculos del iris.

La túnica del tiburón blanco mejora la visión en la oscuridad. Este animal no posee iris que proteja sus ojos cuando nada hacia la superficie. Para compensar la deficiencia, ha desarrollado una cortina de células que contienen pigmento. Al acercarse a una fuente de luz intensa, las células se expanden sobre la túnica, y se contraen al regresar a las profundidades.

Un ojo adaptado para funcionar en el aire es casi inútil bajo el agua. En estas condiciones, la córnea, que normalmente es curva y envía la imagen hacia la retina, se encuentra aplanada debido a la presión del agua. Como resultado de esta distorsión, la córnea no funciona como debería; por eso la mayoría de los animales terrestres no pueden ver bajo el agua. Sin embargo, algunas aves sí pueden hacerlo.

La golondrina marina y el pelícano no pueden ver con claridad bajo el agua, pero sí son capaces de divisar a los peces desde el aire para después bajar en picada y atraparlos. Sin embargo, la naturaleza a provisto a los pingüinos y cormoranes de mejores soluciones para el problema. La córnea del pingüino es más aplanada que la de otras aves, y puede funcionar adecuadamente tanto en el aire como en el agua.

El cormorán por su parte, tiene cristalinos blandos que pueden extenderse y contraerse sin dificultad, por la acción de los músculos oculares. El cristalino puede deformarse a tal grado que sale del disco del iris y llega a la pupila. Esta modificación aumenta la curvatura del cristalino para permitir el registro de la imagen sobre la retina, incluso bajo el agua. Los ingenieros petroleros han observado en el Mar del Norte algunos cormoranes que nadan a una profundidad de casi 45 metros.

Cuando el cormorán está en la superficie, el cristalino es aplanado por los músculos oculares para que el ojo funcione en el aire. Esto le permite cazar sobre el agua y bajo ella.

Sin embargo, para la visión submarina hacen falta más de un par de ojos. La venera, una especie de almeja, tiene una multitud de ojos, cada uno provisto de dos retinas sensibles al ascenso y descenso de la intensidad luminosa.

Las causas de esta complejidad tal vez están relacionadas con la movilidad del organismo, ya que a diferencia de algunos de sus parientes como los mejillones o los ostiones, estos animales pueden desplazarse a propulsión a chorro con sólo cerrar sus valvas y ser impulsados por la corriente de agua que se produce.

Aunque sus ojos pueden detectar diferentes intensidades de luz, y no los detalles del entorno (no ven imágenes), la venera tiene la suficiente capacidad de percepción para advertir el peligro a tiempo y cerrar sus valvas.

Prof. Fabio German Cupul Magaña
Email: fcupul@pv.udg.mx

The publication of this article is possible thanks to the authorization of Prof. Fabio German Cupul Magaña, author of the books "Tales of natural history in Vallarta - University of Guadalajara" (Relatos de la historia natural vallartense - Universidad de Guadalajara) and "Natural environment: Selection of essays of scientific disclosure - Coastal University Center of the University of Guadalajara". (Ambiente natural: Selección de ensayos de divulgación científica - Centro Universitario de La Costa Universidad de Guadalajara.

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