...Limpio mis ojos, tú sabes, el polvo de las piedras me hace llorar.
Tu la piedra angular de mi vida, piedra brasa de cimiento, piedra laja de camino, Obsidiana de gran filo que abre mi entraña de tajo. En tu nombre se dibuja mi destino. Piedra.
Con rostro vivaz, profunda mirada y la voz resonante que le caracteriza, Rebeca Santiago me dijo con genuina alegría: “Yo soy una mujer de piedra, trabajo precisamente con el mármol, la cantera y el granito, todos ellos elementos vivos que se utilizan en diversas formas durante la construcción o enriquecimiento de una edificación”.
“Ser una mujer de piedra tiene que ver con mantener la fortaleza para enfrentar las cosas y situaciones que la vida nos presenta, así como aquello que es consecuencia de nuestras decisiones. Ser una mujer de piedra significa educar y formar a mis dos hijas, con el propósito de que ellas también afronten con sabiduría lo que ahora y en un futuro experimentaran”.
“Ser una mujer de piedra ―contrario a lo que muchos pudieran pensar―, no tiene que ver con ser frío o insensible, más bien se trata de tener un corazón dispuesto, como el del mármol, que aunque de gran firmeza (no dureza), se puede moldear, transformando sus cualidades para dar forma a ideas, visiones y sueños que después se distinguirán en el contexto arquitectónico del cual formaran parte”.
Para Rebeca todo comenzó conociendo la cantera, que fue la primera piedra con la que tuvo contacto. Dos o tres veces por semana visitaba el poblado de Degollado en el estado de Jalisco, donde Pablo Bañales le introdujo en el conocimiento de ella. Nació en su corazón un genuino amor por la piedra, y aprendió a distinguir sus colores, la textura, así como su utilidad de acuerdo a sus características. Mientras unas piedras pueden ser labradas otras son excelentes para pisos o fachadas. Pablo le enseño grandes cosas y con agrado ella recuerda que cuando la veía llegar, el siempre decía: “Ahí viene la mujer que nada más quiere aprender pero nunca compra nada” Con el tiempo Rebeca se convirtió en una de sus mejores clientas y sobre todo, en amiga.
El 1990, cuando en nuestro país no era usual asistir o participar en exposiciones, y mucho menos para una mujer, Rebeca decidió participar en una de proveedores a Hoteles. En medio de otros que vendían cucharas, manteles, mesas, cocinas, etc., ella se encontraba rodeada de piedras llamando la atención de algunos prestigiados hoteleros que mientras se acercaban a su exhibidor, eran correteados por otros proveedores. Comenzando a trabajar con hoteleros Rebeca tuvo que extender su conocimiento con otras piedras. Uno de los primeros hoteles en donde trabajo fue el Marriott Casa Magna, donde el asombro por parte de arquitectos, ingenieros y diseñadores —al ver a una mujer trabajando la cantera— fue de gran impacto. Fue ahí cuando comenzó a recibir pedidos de mármol.
Para Rebeca todo ha sido un desafiante proceso en el cual a aprendido a conocer y amar la piedra, que como ella dice; “Es un material vivo de gran nobleza, tanto que al trabajarlo, me puedo equivocar varias veces, y sin ningún reclamo de su parte, puedo arreglar las cosas a base de caricias. A la piedra la puedo tallar, pulir, abrillantar, avejentar, resaltar, texturizar y con cada nuevo rostro verle resplandecer”.
Rebeca comenzó a experimentar con el mármol hace aproximadamente 15 años, cuando únicamente se le pulía y daba brillo, tal y como se usa en la lápidas y tumbas. Con el apoyo de un gran amigo diseñador y con el propósito de utilizarlo en casas de playa, ella decidió tratar de crear en la pierda diferentes texturas y terminados, naciendo así un nuevo estilo que de inmediato encontró eco en Vallarta, había nacido “Piedrantigua”, generando gran revuelo pues era una época en la que en las casas de playa solo se utilizaba barro y cerámica. Para darle la textura y conservar la belleza de la piedra, comenzó a utilizar entre otros elementos: ceras, ácidos y selladores. Resulto ser todo un proceso de experimentación muy creativo y excitante, Rebeca diseño figuras, formas y cortes.
En aquellos días los materiales de medidas pequeñas casi no se utilizaban, aspecto que ella aprovecho con una gran amiga para instalar un taller donde únicamente trabajaban mujeres. Tomando como base un catálogo italiano, las “mujeres de piedra” comenzaron a crear tapetes de mármol. Casi toda la piedra era nacional y no existían en México herramientas para trabajarla, así que prácticamente como podían realizaban el trabajo. En ese taller trabajaron principalmente mujeres que por diversas circunstancias se encontraban luchando solas por la vida; madres solteras, esposas de presos, algunas con muy poca o nula formación académica, sin trabajo ni dinero. Varias con graves problemas emocionales o psicológicos, pero todas con un espíritu de lucha tan firme y noble como el de la piedra… eran precisamente… “mujeres de piedra”
Muy rápido la gente comenzó a identificar su trabajo con las texturas, y por esa distinción Rebeca llega a Puerto Vallarta entre 1993 y 1994, iniciando con trabajos en casas de playa donde colocaba mármoles mexicanos avejentados, manejando varios colores principalmente el naranja que lo daba la piedra “tikul”, piedra que según cuentan los yucatecos es parte del meteorito de “Chubchuluc” que acabo con los dinosaurios; el blanco de la “conchuela”, piedra fósil también de Yucatán; el “beige del travertino” poblano y el “negro de monterrey”. Para dar acentos de color el “verde tikal” de Guatemala, y el “rojo alicante” por aquello de la madre patria. Rebeca creaba diseños que gracias a Dios fueron una gran alternativa en casas, hoteles y restaurantes en la costa.
El mármol es un elemento natural vivo, por eso es que cuando se trabaja para recubrimientos o construcción, los beneficios y ventajas son muy significativas, y si a eso le agregas texturas, pues el resultado es simplemente fascinante. Mientras lo frió y la frescura del mármol se puede “ver” y “sentir”, también se puede experimentar su vibrante calidez, y a la vez se puede disfrutar de su magnifica propiedad térmica. Además, el mármol es una piedra sin tiempo y no manifiesta su edad ni el momento en que fue colocada, por ello contribuye al incremento de la plusvalía de la propiedad en que se utiliza.
A Rebeca le fascina el efecto del envejecimiento en el mármol. Ella dice que con el tiempo —tal y como sucede con los buenos vinos—, la piedra va forjando su carácter, y eso se puede apreciar en las calles de algunas ciudades y pueblos en Europa, o coloniales mexicanos, donde en su adoquín de mármol —que nunca es pulido ni abrillantado―, se observa el nostálgico paso del tiempo. Esa es una sutil manifestación de edad y experiencia que cautiva.
A partir de los estragos que causo el huracán Kena en Vallarta, Rebeca fue invitada a participar en la remodelación del hotel Sheraton Buganvillas Resort & Convention Center. En esos días se conecto con algunos de sus clientes anteriores y con ellos estableció su actividad de “mujer de piedra”… en Puerto Vallarta, naciendo así Piedramar.
Actualmente con más de 20 años en el negocio, Rebeca Santiago ha iniciado una nueva aventura con sus amadas amigas las piedras, y con la ayuda de Dios su objetivo es nuevamente involucrar a otras “mujeres de piedra”.
En esta ocasión con la ayuda de su esposo Luis Fernando Arana, y siguiendo su destino, la nueva línea artística, busca también la oportunidad de exportar su obra con sabor muy mexicano, pero con toques muy contemporáneos y abstractos. Rebeca esta convencida de que gracias a la afluencia de viajeros de prácticamente todos los rincones del mundo, Puerto Vallarta es el lugar perfecto para desde aquí proyectar su trabajo al mundo. Las primicias de su nuevo trabajo se exhiben en algunas tiendas y boutiques especializadas como Artel, Silvia García, Ana Cuadra y Laura Urrea, y en su oficina-atelier en Francisco Medina Ascencio 5290.
Mientras todo esto sucede, Rebeca sigue trabajando en proyectos y desarrollos como Porto Fortuna en Punta Mita y Marival Residences en Nuevo Vallarta —ambos en la Riviera Nayarit—. Como siempre, ella esta lista y dispuesta para colaborar y contribuir con un “granito de pierda”, en la edificación y enriquecimiento de casas y edificios, lo que sigue siendo un gran privilegio en el cual desea participar y disfrutar.
Rebeca Santiago me comparte: “Mi sueño esta relacionado con la tierra y las piedras. Me gustan los espacios grandes y anhelo vivir en un rancho en la región. Me gustan los cerros pedregosos y las nubes que se sientan en ellos. Me cautiva la idea de una casa pequeña pero con mucho terreno. Puedo ver ahí un estudio abierto para pintar, y aspiro a una vida mas simple; en el rancho tener algunas vacas, gallinas y sobre todo, un caballo!... hace mucho que no monto, el galopar en el campo, esa es una actividad que me fascina. Volver a una vida campirana... es ahí donde quiero ser y estar, donde por supuesto mi casa será de piedra, adobe y otros elementos naturales. Dios me conceda los anhelos de mi corazón”.
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