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SPECIAL REPORTS
Finalmente después de más
de un año, mi novia y yo decidimos que visitaríamos
nuevamente Quimixto, un pueblo al sur de Puerto Vallarta
al cual se puede llegar únicamente por mar y
en el que actualmente viven unas 250 familias. Por cierto
en promedio cada familia consta de por lo menos cinco
miembros.
Después de aproximadamente
15 minutos de recorrido por la carretera panorámica
que conecta a Vallarta con Manzanillo, aproximadamente
a la 9:00 A.M. llegamos a Boca de Tomatlán, lugar
desde donde se puede tomar el "taxi marítimo"
hacia el pueblo de Quimixto. Llegando descubrimos que
el primer taxi sale a las 9:30 A.M., así como
que el último en regresar sale de Quimixto aproximadamente
a las 5:30 P.M. Mientras esperamos, pudimos percatarnos
que en ese lugar, los mosquitos atacan ferozmente, tanto
que tuvimos que utilizar repelente, mismo que pudimos
comprar en una tienda del lugar.
Exactamente a las 9:30 A.M. abordamos
el "taxi" que nos llevaría a Quimixto,
y en pocos minutos aproximadamente 10 personas nos hicimos
hacia la mar costeando la bahía, rumbo a nuestro
destino. Deseo mencionar que el "taxí marítimo",
que en realidad es una lancha de fibra de vidrio [panga]
con capacidad hasta para 20 personas, es el único
medio de transporte que se puede utilizar para llegar
a los lugares paradisíacos de las Animas, Quimixto
y Yelapa que son los más populares y visitados
sitios entre otros, y otras pequeñas hermosas
y solitarias playas que se pueden conocer al sur de
Vallarta.
Después de unos 25 minutos
de navegación a través de un hermoso y
calmado mar de color azul profundo, que nos permitió
disfrutar del viaje y sobre todo de las espectaculares
vistas de la montaña unida al mar por la blanca
espuma de las olas que revientan en las rocas, llegamos
a nuestro destino después de haber parado en
Las Animas donde se bajaron seis de los pasajeros originales.
Claudia y yo fuimos los únicos
de desembarcar en Quimixto. Para el tipo de actividad
que se desarrolla en el lugar llegamos muy temprano,
y prácticamente pudimos apreciar el despertar
del pueblito. Tomamos camino hacia la montaña
adentrándonos a través de la única
calle empedrada que lleva directamente al lugar donde
se amarran los caballos que se pueden rentar para ir
a la cascada. Para este momento ya había tomado
algunas fotografías mientras caminábamos
admirando las casas del lugar que en su mayoría
son hechas de madera, sin gozar de piso de material.
Se puede apreciar como en prácticamente en una
sola habitación duermen un mínimo de cuatro
o cinco personas. Casi en todas esas casas lo que divide
una cama de otra, es un tapanco volado que permite que
dos personas, que regularmente son los padres, duerman
en la parte de arriba del interior de esa casita de
aproximadamente cuatro metros por tres metros. Tuvimos
la oportunidad de entrar a una de esas casas y es realmente
asombroso como a pesar del espacio tan reducido, la
mayoría de las familias cuentan con estufa, refrigerador,
televisión y estéreo.
Gracias a Ignacio [Nacho], un buen
amigo originario de ese lugar y su familia, después
de haber desayunado en la casa de otro conocido, salimos
a caballo hacia la cascada de Quimixto, sitio obligado
a visitar en ese lugar. A través de una vereda
que por cierto se mantiene limpia gracias a la colaboración
de todas las familias que viven en el lugar, subiendo
y bajando, cruzamos parte de la montaña antes
de llegar a la cascada. Hacia ambos lados del camino,
a pesar de ser muy transitado, se pueden observar cientos
de diferentes tipos de fauna y sobre todo, se pueden
apreciar diferentes tipos de aves que en ocasiones cruzaron
volando frente a nosotros en búsqueda de su alimento.
Vimos en abundancia periquitos verdes, de esos que inclusive
los lugareños atrapan para tenerlos como mascotas
en sus hogares. Esos periquitos una vez ambientados
y entrenados, son muy platicadores y son una excelente
compañía.
Después de aproximadamente
25 minutos de recorrido a caballo en paso lento, llegamos
a la cascada, que aunque fuera de temporada de lluvias
acarrea suficiente agua para que la caída sea
atractiva y se pueda formar una alberca natural para
disfrute de los visitantes. Indudablemente nos sambullimos
en el agua muy fría y disfrutamos de un delicioso
y energético baño.
Después de unos minutos "Nacho"
nos pidió que lo siguiéramos rió
arriba para adentrarnos más en la selva. Por
más de 40 minutos caminamos siguiendo la rivera
del rió. Algunos de los escenarios son realmente
maravillosos. A través de la caminata pudimos
conocer cuales son los rincones preferidos de los camarones
de rió, inclusive Nacho y su familia capturaron
algunos para después preparar un rico caldo.
Como siempre, yo estaba fascinado
con la vegetación y sobre todo, con las muy variadas
formas del entorno que se van formando al paso del rió.
Nada ni nadie detiene al rió, el se habré
paso a pesar de los obstáculos naturales o no
que se interpongan en su cauce. Aunque me gusta mucho
disfrutar de este tipo de caminatas, no estoy acostumbrado
y mientras Nacho y su familia, así como inclusive
Claudia caminaban descalzos, yo tuve que ponerme mis
zapatos tenis para poder seguir. Preferí sentir
la arena del rió en mis tenis que caminar descalzo.
El simple hecho de ver como los lugareños están
acostumbrados a recorrer por el río es todo un
espectáculo. Ver a los niños brincar como
cabras entre piedras resbaladizas y no tener problema
para afianzarse, realmente me asombraba, aunque por
momentos también me angustiaba pensando que se
podían caer y golpear, especialmente la hija
de Nacho que además llevaba en sus espaldas a
una niñita de aproximadamente 3 años en
sus espaldas. Mientras yo me angustiaba, ellos se reían
de mi y me invitaban a no preocuparme por ellos y seguir
adelante.
Finalmente llegamos a un espacio
en que se ha formado una especia de pequeño cañón
para encontrarnos con otra cascada en la cual nos detuvimos
para disfrutar de otro chapuzón. En ese lugar
los niños nuevamente hicieron de las suyas y
colaboraron para que nos divirtiéramos aun más.
Ellos subieron a la cima de la caída de agua
y con sus cuerpos acostados detenían la circulación
del agua por un momento, para después pararse
de repente y dejar que corriera libre el agua. En más
de una ocasión yo me coloque abajo para recibir
el caudal y aunque muy sencilla, sentir su fuerza sobre
mis espaldas fue una experiencia excitante.
Después del chapuzón
decidimos que era momento de regresar. Esta vez tomamos
un atajo desviándonos por un momento del cauce
y eso nos permitió no hacer tan pesado el regreso.
Cuando llegamos de nuevo a la cascada principal eran
como las 2:00 p.m. y el lugar estaba siendo visitando
por visitantes extranjeros que llegan con las embarcaciones
que organizan paseos marítimos para visitar el
lugar.
Durante la caminata nacho me comentó
que la actividad a través de la cual la mayoría
de las 200 familias que viven en Quimixto obtienen sus
ingresos, es la renta de caballos. Al llegar a la cascada
de regreso, pude observar que más del 80% de
los visitantes habían llegado a la cascada a
pie. No me quede con las ganas de preguntar a Nacho
si eso era normal, a lo que agachando su cabeza me respondió
con tono de tristeza y preocupación: En las últimas
semanas esto ha sido normal. Al observarlo le pedí
que me platicara que es lo que esta pasando, a lo que
me dijo: La tarifa por la renta de caballos ida y vuelta,
es de $100.00 pesos, de los cuales $20.00 pesos son
para los guías que bajan con el turismo de los
barcos. De parte de las autoridades responsables, hace
aproximadamente un mes se nos comunicó que para
poder continuar rentando caballos deberíamos
pagar y contar con un seguro contra cualquier tipo de
accidentes que pudiera ocurrirle a los visitantes en
el trayecto. Nuestro grupo decidió que para no
incrementar la tarifa de la renta, se les invitaría
a los guías de los barcos para que accedieran
a que en lugar de recibir los $20.00 pesos de comisión,
se les pagarían $15.00 por persona, quedando
los otros $5.00 pesos para fondo del seguro. Los guías
respondieron que no estaban de acuerdo y que preferían
decirle a la gente que no utilizarán los caballos
para ir a la cascada, aun cuando esto representará
que no cobrarán un solo centavo de comisión.
Y así se han dado las cosas sin que hasta ahora
se llegue a un acuerdo.
Después de reflexionar lo
que representaba dejar de rentar sus caballos para las
familias del lugar, pude comprender la tristeza y preocupación
en la gente. Nacho me dijo que en promedio cada familia
es dueña de 6 a 10 caballos y que diariamente
existe un roll para ir rentando los caballos de cada
familia de acuerdo a la demanda y de manera equitativa.
En esta temporada esperar su turno para que se renten
sus caballos le toma entre tres y cuatro días.
Para Nacho y cada una de las familias esto representa
obtener en promedio de $600.00 a $1,000.00 pesos por
semana por la renta de caballos, y con ese dinero deben
mantener a su familia de unos cinco o seis miembros
en promedio, alimentación para los caballos,
agua, luz y demás servicios básicos por
los que deben pagar. Todo eso sin contar que sus víveres
por lo regular se adquieren en Puerto Vallarta, para
lo cual deben pagar un promedio de $80.00 pesos por
persona por concepto de transportación marítima
y terrestre cada vez que tengan que ir a comprar su
despensa.
Lo más triste de todo esto
es que algunos de los guías [no todos], con tal
de presionar tal vez para que se incremente la tarifa
y ellos seguir ganando su comisión, inclusive
están divulgando que el paseo en caballo es muy
peligroso. Hoy yo les puedo compartir a todas aquellas
personas que visiten a Quimixto, que el recorrido a
caballo es seguro, incluso para aquellos que jamás
se hayan subido a un caballo. Los animales son dóciles
y conocen perfectamente los terrenos que pisan. El caballo
esta tan acostumbrado al recorrido que inclusive sin
guiarlo el nos lleva a paso lento hacia la cascada y
de regreso. Los caballos en renta no son de carreras,
y si el jinete lo trata con respeto no existe razón
alguna para dudar que será un paseo seguro y
agradable. Hoy hace tres semanas de mi visita a Qumixto
y según lo planeado, independientemente de lo
que las familias hayan acordado con los guías,
es muy probable que de todos modos los caballerangos
ya cuentes con el fondo y seguro en caso de accidentes.
Para cuando regresamos al pueblo
y con mucha hambre, ya eran casi las 4:00 P.M. y nos
teníamos que preparar para tomar el último
taxi marítimo que sale de Ixtapa deteniéndose
en Quimixto para llevarnos de nuevo a Boca de Tomatlán.
Nacho nos comentó que el, su esposa y uno de
sus hijos tendrían que ir a Vallarta, y que si
estábamos de acuerdo podríamos regresar
todos juntos en la lancha de un amigo que nos haría
el favor de llevarnos después de la única
misa católica de 5:00 que se celebra en el pueblo
y a la que deseaban asistir. Claudia y yo decidimos
que estaba bien y aprovecharíamos para ir a comer
a uno de los restaurantes ubicados en la paya, en donde
por cierto aun cuando estaban a punto de cerrar, nos
atendieron muy bien y hasta nos permitieron dormir la
siesta en una riquísima hamaca mientras esperábamos
la salida de la lancha.
Para comer nos prepararon filete
de pescado al ajo y a la diabla e independientemente
del hambre que teníamos, el sazón fue
excelente. Después de la comida claudia decidió
que también asistiría a la misa y yo me
quede dormido por aproximadamente una hora.
Finalmente llegó la hora del
regreso, todos abordamos la lancha y junto con el atardecer
llegamos a Boca de Tomatlán para de ahí
regresar a Puerto Vallarta.
En esta ocasión además
de disfrutar el paseo, se nos dio la oportunidad de
convivir con la gente local de Qumixto, y eso más
que nada valió la pena el viaje. Una vez más
pude percibir lo que desde mi llegada a Vallarta hace
26 años puede sentir, la gente local, con sus
problemas y situaciones, sin prejuicios deja por un
momento su rutina para entregarse por completo a quien
les habré su corazón. Por un día
Claudia y yo fuimos parte de una familia humilde y trabajadora.
Fuimos tratados con respeto y cariño. Dentro
de sus posibilidades se nos fue otorgado todo aquello
que esa gente deseaba brindarnos para demostrarnos que
somos bienvenidos cada vez que regresemos.
Quimixto, este rincón vallartense
me permitió percibir nuevamente el colorido y
alegría de un pueblo. Su gente me hizo recordar
que ese hermoso lugar sería absolutamente nada
sin la calidad humana de sus habitantes.
Por supuesto que muy pronto regresaremos
a Quimixto, y por supuesto que recomiendo ampliamente
a nuestros lectores para que una vez en Puerto Vallarta,
visiten este bello rincón al sur de la ciudad.
Hasta Pronto!
Jesús de Avila
editor@pvmirror.com
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